Fauna y cultura — el Ladakh que no sale en las fotos de postal

La fauna del Changthang

Uno de los regalos inesperados del viaje fue la fauna salvaje del Changthang — la meseta de alta altitud entre Pangong y Tso Moriri. No hay que buscarla ni pagar entrada para verla. Simplemente está ahí, en libertad, a pocos metros de la carretera.

Kiang

El asno salvaje tibetano. A primera vista parece un caballo — es grande, elegante y se mueve en manadas. Es el équido salvaje más grande del mundo y el Changthang es uno de los mejores lugares del planeta para verlo. Especie protegida.

Yak salvaje

Imponente. Negro, con cuernos grandes y ese pelaje largo que le cuelga casi hasta el suelo. Verlos pastando tranquilamente en la estepa a 4.500 metros es una imagen que no se olvida.

Marmota tibetana

Pequeña, gordita y tremendamente curiosa. Vive en los pasos de alta montaña y no tiene ningún miedo al ser humano. Si paras la moto cerca de una se quedará mirándote con cara de pocos amigos.

Grulla de cuello negro

Una de las especies más amenazadas del planeta. Cría en los lagos de alta altitud de Ladakh, especialmente en Tso Moriri. Mide casi metro y medio de altura — cuando la veas de lejos entenderás por qué nos pareció un avestruz.

Águilas

De gran envergadura, presentes en varios puntos de la ruta. Difícil identificar la especie desde la moto pero inconfundibles en el aire por su tamaño y su vuelo pausado sobre los valles.

Camellos bactrianos de dos jorobas

En Hunder, en el valle de Nubra — quizás el animal más surrealista del viaje. Verlos tumbados en las dunas de arena con las montañas nevadas del Himalaya de fondo es una de esas imágenes que no encajan con ningún paisaje conocido.

La cultura budista tibetana

Ladakh es budismo. No el budismo de los libros o de los documentales — el de verdad, el que llevan practicando aquí desde el siglo XI. Los monasterios no son museos sino lugares vivos donde los monjes rezan, estudian y viven.

Ladakh tiene decenas de monasterios — prácticamente cada valle y cada pueblo tiene el suyo. Los que mencionamos a continuación son los que nosotros visitamos, una selección personal y en ningún caso una guía exhaustiva.

Thiksey — De camino entre Upshi y Nimmu, a 20 km de Leh. El más fotogénico de Ladakh. El Buda Maitreya interior de 15 metros es impresionante. Entrada 50 INR.

Diskit — En el valle de Nubra. El Buda Maitreya exterior de 32 metros domina todo el valle. La subida hasta arriba tiene recompensa en forma de vistas.

Alchi — Los frescos budistas más antiguos de Ladakh, del siglo XI. Cuatro templos interiores de los que el primero es el mejor conservado. Importante: los móviles y cámaras hay que dejarlos en taquillas en el exterior — dentro no se puede fotografiar nada. Vista del Indo desde la parte trasera. Entrada 100 INR.

Lamayuru — Del siglo XI, colgado sobre las formaciones del moonscape. Más que el monasterio en sí el conjunto del pueblo y el paisaje que lo rodea es lo que te deja sin palabras. Llegamos tarde y nos dejaron entrar sin pagar — no prometemos que os pase lo mismo pero tampoco lo descartamos.

Merak — Menos conocido y menos visitado que los anteriores. En la orilla del Pangong, al final del camino que bordea el lago desde Lukung. Vale mucho la pena el desvío. Nosotros llegamos en medio de una celebración budista — trajes tradicionales, música, lugareños reunidos — uno de esos momentos que no se planifican.

Nyoma — Pequeño y tranquilo, con vistas de todo el valle desde arriba. Se sube en moto desde el hotel una vez dejado el equipaje.

Sani — No llegamos a visitarlo pero está en nuestra lista para la próxima vez. A solo 6-8 km de Padum dirección Kargil. Tiene tanto el monasterio más antiguo del Zanskar como la laguna de Sani, de agua cristalina. Una excursión de 30 minutos desde Padum que no requiere ningún esfuerzo.

Las banderas de oración

En cada paso de montaña, en cada monasterio, en cada puente encontrarás banderas de oración tibetanas — los famosos lungta de colores. Cada color tiene un significado y cada vez que el viento las mueve se considera que la oración escrita en ellas se eleva al cielo. Con el tiempo y el sol pierden el color y se deshacen — eso también forma parte del ritual.

Nosotros acabamos colgando unas pequeñas en el manillar de la moto. Una costumbre que se contagia.

La mezcla de culturas

Ladakh no es homogéneo. En Nubra y en Turtuk encontrarás arquitectura y cultura tibeto-balti, con influencia musulmana y una historia compleja de fronteras cambiantes. En Kargil la mezcla budista-musulmana es palpable en cada calle. En el Zanskar el aislamiento ha preservado una cultura tibetana casi sin contaminar.

Es esa diversidad dentro de un territorio tan pequeño y tan remoto lo que hace que Ladakh sea mucho más que una ruta en moto.