O cómo aprendimos que en India los GPS están prohibidos
Llegamos al aeropuerto de Delhi con tiempo de sobra dirección Leh. Todo en orden. Al facturar nos preguntan si llevamos dispositivos electrónicos — saco el GPS, lo meto en el equipaje de mano y tan tranquilo. Pasamos el control sin que nadie diga nada. Con mi ignorancia, tan feliz.
Lamentablemente el vuelo — SpiceJet, ya sabéis — primero se retrasa y luego se cancela. La gestión es bastante caótica. Un vuelo que teníamos a las 7 de la mañana acaba con nosotros a las 5 de la tarde en un hotel pagado por la compañía esperando volar al día siguiente.
A las 3:30 de la madrugada nuevo taxi al aeropuerto — también pagado por SpiceJet. Volvemos a facturar, nuevo control de equipajes y… sacan mi GPS de la bolsa de mano.
— ¿Y esto?
— Un GPS — respondo tan feliz.
Ahí se lió la cosa.
Un militar me lleva ante un superior. Pienso que en dos minutos se resuelve. Error. Me explican que en India los dispositivos GPS están terminantemente prohibidos — y más en Ladakh, zona militar sensible con fronteras con Pakistán y China. Empezamos a buscar en internet: casos de detenciones, multas, requisas… La cosa pinta mal.
Le digo que no hay problema, que lo tiramos a la basura o se lo dejamos allí, que da igual. Pero parece ser que no es tan sencillo. Hablan mucho entre ellos en hindi y yo sin entender nada.
La sentencia: voy detenido a la policía local. Tras un trámite quedaré en libertad — pero mientras tanto el tiempo corre, el vuelo está a punto de salir y mis maletas ya están facturadas.
Le pedimos por favor al militar que si vamos a perder el vuelo nos saquen las maletas. Vamos al mostrador y las conseguimos. También nos asignan plaza en un vuelo cuatro horas más tarde. Los de SpiceJet, hay que reconocerlo, se portan bien en esto.
Caminamos a la comisaría — está en el mismo aeropuerto. El comisario nos hace esperar un buen rato, como manda el protocolo. Nos dan un papel para rellenar con las características del GPS. Lo relleno de la manera más suave posible: solo para seguir tracks, cero vías, cero funciones militares. Aparece el comisario, ve el GPS y el papel y le dice algo al militar que no entiendo — pero que interpreto como ‘para qué me traéis esto’.
La cosa se relaja.
El comisario nos devuelve el GPS y nos dice: dejadlo en el hotel de Delhi y os lo lleváis cuando volváis a España.
Salimos de comisaría. El chico de SpiceJet que nos ha estado acompañando durante todo el proceso nos dice que el vuelo inicial también se ha retrasado, así que volaremos a las 10 y no a las 12. Vuelta a cambiar las tarjetas de embarque.
Y cuando le voy a dejar el GPS al chico de SpiceJet me dice: ‘mételo facturado y ya’.
Así lo hice. El GPS llegó a Leh. Y lo llevé en el bolsillo durante toda la ruta grabando.
Pero la historia no acabó en Leh
A la vuelta optamos por meter el GPS facturado en la mochila. Nada más entrar al aeropuerto el primer control de equipajes — las dos mochilas pasan por los rayos X sin problemas. Pero en la mía no ponen la etiqueta de chequeado. Se lo digo al atareado operario y hace un gesto como diciendo da igual. Seguimos al mostrador a facturar y allí nos dicen que sin etiqueta no pueden aceptar el equipaje.
De vuelta al control con el chico de SpiceJet. Esta vez sí sale el GPS. Me preguntan qué es. Les digo que un teléfono viejo, lo saco, me lo meto al bolsillo y tercera pasada por el control — esta vez sin problemas.
Pero ahora tengo que facturar la mochila y con el chico de SpiceJet delante no puedo volver a meter el GPS. La facturo sin él.
Lo que significa que el GPS va en mi bolsillo de mano hacia el siguiente control. Lo coloco en la bandeja junto con mis cosas, pongo el móvil en otra bandeja separada para disimular… y pasa. Como un móvil cualquiera. Qué angustia.
El GPS llegó a España. Sin más capítulos. Por esta vez.
Moraleja
No lleves GPS a India. Ni en la mochila, ni en el equipaje facturado, ni escondido. Ahora ya sabéis por qué en Wikiloc hay muy pocos tracks de Ladakh.